Marrakech y sus rincones con encanto

Marrakech, el sueño árabe, el vergel marroquí con avenidas flanqueadas de naranjos, palmeras y jacarandás, lugar de zocos, de sombreadas callejuelas y de té con hierbabuena. La “Perla del Sur”, conserva sus hermosas murallas de color rojizo, salpicadas de hermosas puertas y majestuosos palacios cimentados sobre jardines perfumados, como el de la Bahía o de Dar Si Said, el actual Museo de las Artes Marroquíes.

Marrakech

Fundada en 1070 por los almorávides, los guerreros bereberes del desierto, la bella ciudad erigida a los pies del Atlas, terminaría por dar el nombre al reino de Marruecos.

Imprescindible visitar sus monumentos como la Mezquita Koutoubia o la de Ben Youssef, conocer los sitios más en boga de Marrakech, jugar con los acróbatas en el Atlas o descubrir los bellos mosaicos de las Tumbas Saadíes, los sagrados sepulcros de los sultanes junto al muro meridional de la Mezquita Kasban.

Tumbas Saadíes

El auténtico viaje a Marrakech comienza en la Medina y la Plaza de Jemaa El Fna, paradas obligatorias. En la plaza de Jemaa El Fna, el pasado el que resurge con los encantadores de serpientes, los narradores de historias, los músicos, bailarines, escritores públicos, echadores de la buenaventura, vendedores de pociones, curanderos, boticarios o simplemente habitantes de esta maravillosa ciudad.

Plaza de Jemaa El Fna

Y los emblemáticos jardines de la Menara, con su elegante pabellón inconfundible por su cubierta de tejas verdes. Imprescindible visitar su inmenso estanque, al que acuden las familias marrakechís para buscar un poco de frescura en los días más calurosos del año.

La Menara

Y si hablamos de lugares donde reponer fuerzas y enfrentarse al calor, no podemos olvidar la fuente Chrob ou Chouf, cerca de la Mezquita Ben Youssef, en cuya inscripción se invita a los turistas “a beber y ver lo que va a ocurrir” (chrob ou chouf).

Un lugar secreto en la ciudad: Los jardines de Majorelle con su inmensa colección de plantas traídas desde los cuatros rincones del mundo, que florecen con profusión junto a los estanques y la villa de estilo Art decó de un intenso color azul. La belleza de este lugar atrajo tanto a Yves Saint Laurent, que mandó reconstruir el edificio y abrió una exposición permanente de arte islámico en el antiguo taller de Majoralle. Como dato curioso, las cenizas del modisto francés fueron esparcidas por los jardines.

Los jardines de Majorelle

Desde este rincón lleno de encanto, se puede tomar una de las numerosas calesas de la ciudad que le llevará hasta el Palmeral, al noreste de la Medina, con más de 100.000 plantas regadas durante siglos gracias a su ingeniosa red de tuberías subterráneas de barro seco.

Y por la noche…tras recorrer las rojizas calles y embriagarte de los aromas a especias, nada mejor que descansar en uno de sus famosos riads (“jardín” en árabe), esas casas totalmente cerradas al exterior y dispuestas en torno a un patio central. Pequeños oasis en medio del desierto.

Riad Marrakech

Para más información, no dudes en entrar en la web de Turismo de Marruecos. Y si vas a viajar a Marrakech, lee primero esta información útil.

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