Viajamos a la antigua capital de Japón y descubrimos sus templos

Cuenta la leyenda, que en el santuario Kasuga existían cuatro dioses, uno de ellos, (Takenomikazuchi-no-mikoto), fue invitado a visitar el parque de Nara y cuando llegó al monte Mikasa-yama lo hizo montado en un ciervo blanco. Desde entonces, el ciervo fue considerado tan sagrado que durante muchos años, aquel que se atrevía a matar a uno de estos animales, era condenado a pena de muerte. Hoy en día, están protegidos y siguen siendo tesoro nacional.

Esto es tan sólo una parte de las grandes maravillas que guarda Nara, que conocida como Heijo, fue desde el 710, fue la primera capital de Japón. Tal es la importancia de su nombre, que en la lengua coreana aseguran que su origen proviene de la palabra “nación”, aunque para los filólogos lo tiene en la palabra japonesa “nadaraka”, “lugar llano”.

Dentro de las joyas que encontraremos, aquí están localizados varios templos que debemos ir descubriendo en nuestro camino. El Todaiji, construido en el 752, es uno de los más famosos del país. Antes de entrar, deberemos atravesar la maravillosa puerta de Nandaimon protegida por dos enormes guardianes de bronce. En el interior encontraremos el buda de mayor tamaño de todo Japón con casi 15 metros de altura y un peso de 500 toneladas.

Pese a que el templo ha sufrido en gran parte del edificio numerosos ataques, aún es el más grande de todo Japón. Para poderse hacer una idea de cómo era anteriormente, existe una maqueta en su interior donde apreciaremos dos pagodas laterales que hoy en día, desgraciadamente, ya no existen.

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Junto al gran buda encontraremos una columna con un agujero que la atraviesa. Según la leyenda, si pasamos por él, tendremos grandes bendiciones en la próxima vida. Pero ¡hay que tener cuidado!, ya que más de un turista se ha quedado aquí atascado y ha tenido que pedir ayuda.

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De templo a templo, nos trasladamos ahora a Horyuji, o templo de la ley floreciente. Su importancia se debe en parte a su construcción llevada a cabo por parte del príncipe Shotoku, quien introdujo el budismo en Japón, además, de ser el templo de madera más grande de todo el país. Tal es su importancia, que en 1993 fue declarado Patrimonio de la Humanidad y tesoro nacional de Japón.

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A lo largo de nuestra visita por Nara, descubriremos otros numerosos templos como el de Yakushiji, que fue construido por el emperador Temmu a finales del siglo VII en honor a su mujer, y del cual sólo podremos apreciar ya la pagoda del este.

Para los amantes del tiro con arco, o yabusame, en japonés, la visita a la Kasuga Taisha, es obligada, ya que aquí es uno de los lugares donde suele practicarse, además de ser una de las capillas más visitadas de la ciudad. Su construcción fue destinada para la deidad protectora de la ciudad y ha sido varias veces reconstruida.

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Más información en nuestro magazine: http://ow.ly/HTq2X

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